El tiempo en la ciudad

Córdoba: cultura, naturaleza y descanso en el interior de Argentina

Lejos de la costa y al pie de la sierra, la ciudad está situada en un inmejorable paraíso natural, sin impedir que se haya convertido en un centro cosmopolita que aúna cultura, historia, religión y mucha vida y color en sus calles.


En su centro se levanta la catedral, cuya edificación tardó cerca de dos siglos. Ubicada en un lateral de la plaza San Martín, es uno de los principales símbolos de la ciudad. El exterior, característico de toda postal de la ciudad argentina, sorprende por su mezcla de estilos y su belleza no deja indiferente. Con una imponente cúpula, de 1753, donde se puede ver la pintura de Emilio Caraffa, maestro de la pintura cordobesa.

De la plaza de San Martín no puede uno marcharse sin visitar el Cabildo de la Ciudad: una construcción de 1588 pero con tintes de diferentes etapas, como prácticamente toda la ciudad. Desde las antiguas celdas halladas en el subsuelo a las excelentes vistas desde los balcones del piso superior, donde se exponen diferentes muestras de arte, el edificio es casi visita obligada de la ciudad.

A pesar de lo histórico del centro de la ciudad, otra de las paradas necesarias es el colorido barrio de Güemes, importante escenario de contrastes. Con la avenida Belgrano como espina dorsal y vía comercial, de ella salen pequeñas venas llenas de vida, diurna y nocturna, con importantes centros donde disfrutar de los atardeceres de las noches de verano y de la rica gastronomía argentina.

LA RUTA JESUÍTICA

Tanto en la propia ciudad como en el resto de la provincia, la ruta jesuítica es uno de los principales atractivos de Córdoba. Desde la Universidad de Córdoba, ubicada en el mismo centro de la ciudad y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, hasta la Iglesia de la Compañía de Jesús, la ciudad está marcada por la figura del cura Brochero, que dedicó su vida entera a cuidar de los enfermos.

El cura Brochero fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II en 2004 y beatificado posteriormente, en una multitudinaria ceremonia en la villa que lleva su nombre --Villa Cura Brochero, antigua Villa del Tránsito--para ser canonizado, al fin, por el propio papa Francisco en 2016. Todo el país venera al 'cura gaucho', único santo nacido, crecido y fallecido en Argentina.

Ahora, la joya por excelencia de Córdoba es la Estancia Jesuita de Alta Gracia, a escasos 40 kilómetros al suroeste de la capital provincial. Ubicado junto al único tajamar en funcionamiento en la actualidad -un dique de unos 80 metros de largo-, la estancia fue donada a la Compañía de Jesús en 1643. Los jesuitas desarrollaron en ella una importante actividad productiva, si bien a lo largo de la historia ha ido cambiando, estructuralmente, para acabar convirtiéndose en Monumento Histórico Nacional. Por sus estancias se pueden ver las diferentes actividades realizadas en la estancia, así como la historia de los numerosos propietarios que ha tenido.

DONDE LA CULTURA SE UNE CON LA RELIGIÓN

El pueblo de Alta Gracia no sólo es escenario de parte importante de la famosa ruta jesuítica de Córdoba, sino que además fue destino de la historia y, en concreto, de la historia española. Manuel de Falla, uno de los compositores españoles más importantes de la primera mitad del siglo XIX, eligió esta tierra para abandonar el mundo terrenal dejando tras de sí grandiosas obras como 'El amor brujo' o 'El sombrero de tres picos'.

Y en lo alto del pueblo, sin ostensiones y con la bandera argentina ondeando en la puerta, se encuentra la vivienda donde Falla pasó sus últimos años convertida en museo. Desde la habitación en la que el compositor falleció, hasta los baños de la casa, totalmente conservados, cada una de las estancias recoge objetos personales del gaditano, así como libros, vestimenta, fotografías y partituras manuscritas.

Alta Gracia fue también hogar de un pequeño Ernesto Guevara, aquejado de asma crónica, enfermedad que obligó a su familia a buscar un lugar con un clima adecuado para el pequeño 'Ernestito'. Antes de convertirse en el revolucionario 'Che', Ernesto Guevara disfrutó de una infancia traviesa en este pueblo, donde ahora se encuentra el Museo-Casa del Che.

Aquí se granjeó sus primeras amistades y forjó la personalidad que luego le llevó a recorrer Latinoamérica en motocicleta, a estudiar Medicina y a pasar de ser un inteligente adolescente a uno de los líderes de la Revolución Cubana.



NATURALEZA, SALUD Y DESCANSO

En la provincia de Córdoba se encuentra una extensísima sierra de asombrosos parajes, excepcionales ríos y admirables ciudades. Alta Gracia, no sólo hermosa, goza de un clima seco y un aire puro -precisamente esto es lo que llevó a la familia del pequeño 'Che' Guevara a trasladarse aquí--.

La atmósfera de la ciudad se prestó a que el pequeño mejorara considerablemente su estado de salud, algo que se puede percibir simplemente al respirar por sus calles, envueltas en un constante verde que ofrece no sólo salud sino tranquilidad al alma.

Y junto a Alta Gracia, en el cordón montañoso de las Sierras Chicas, se levanta un imponente paraíso, de más de 150 hectáreas, que se aprovecha del buen clima de la zona: 'El Potrerillo de Larreta'. Se trata de un exclusivo espacio que dispone desde campo de golf propio a helipuerto.

El agua es otro de los tesoros de la sierra cordobesa. Ejemplo de ello es la hermosa Mina Clavero, ciudad ubicada a unos 120 kilómetros al oeste de Alta Gracia y que cuenta con una de las aguas más saludables del país. Sin haber sido superada en demasía por el turismo, desde finales del siglo XIX ya cuenta con el tácito galardón de ser ciudad de baños terapéuticos, debido a las propiedades de su río.

En ella también se encuentra uno de los atractivos del Valle de Traslasierra: el Nido del Águila, un excepcional paraíso en el que el río que da nombre a la ciudad, Mina Clavero, encajonado entre piedra de granito, esconde una piscina natural que llega a tener hasta doce metros de profundidad. A un lado, un pequeño --o gran--acantilado, de 20 metros de altura, se convierte cada verano en el lugar favorito de bañistas aventurados y clavadistas expertos que se lanzan a las poderosas aguas de la sierra cordobesa.



LA GASTRONOMÍA

La carne es, sin lugar a dudas, la inexcusable protagonista de cualquier visita a Argentina. Y también en Córdoba es uno de los platos más importantes, en particular en la zona de Traslasierra, donde los asados en hornos de barro se convierten en imprescindible de cualquier visita turística. También el chivito o el cordero, o el allá conocido como 'bife de chorizo' son algunos de los cortes más demandados en las parrillas cordobesas.

Si en lugar de un gran plato el turista prefiere el 'picoteo', uno de los indispensables es el salame que, acompañado con un buen queso, es una muy buena opción para poder degustar algunos de los importantes vinos cordobeses, intensos en sabor y vinculados, cómo no, a la cultura jesuita de la zona.

Además del asado, otra de las comidas más típicas es la empanada criolla: de origen español, el modo de cocinar empanadas es diferente en cada región de Argentina. En Córdoba, menos saladas que las porteñas o las tucumanas, suelen estar hechas con zanahoria, lomo picado y comino, además de huevo duro y aceituna.

No se puede ir uno de Córdoba sin probar su máxima delicia dulce: el alfajor cordobés, un dulce compuesto de dos galletas unidas por un relleno dulce, especialmente por el tradicional dulce de leche argentino. Bañadas en chocolate, glaseados o azúcar en polvo, los alfajores son una auténtica delicia que pone la guinda al típico menú cordobés.

Fuente: http://www.europapress.es/turismo